Aterrizamos en Cracovia y arrancamos sin rodeos: bus privado, check-in en el hotel y tiempo libre para comer por la zona, callejear o echar una siesta estratégica, porque la tarde viene fuerte. Empieza la TRAVEL SOCIAL RUN: Nos calzamos las zapas y salimos a correr Cracovia como se merece: calles con historia, ritmo social y cero presión, solo flow. Al terminar, duchita fría para resetear cuerpo y mente y os daremos unas recomendaciones de restaurantes locales increíbles donde reponer. Sobre las 23:00 y para quienes estén aun vivos/as, os diremos un lugar de encuentro donde terminar el día de cerves con mucha cultura local. 😎
Hoy manda el cuerpo… y las ganas. Día libre para perderte por Cracovia a tu manera: cafés con historia, street food, mercadillos, fotos sin filtro y planes que salen sobre la marcha.
Para quien quiera ir más allá, habrá reserva opcional para visitar Auschwitz, un lugar que se vive con respeto y silencio, o para flipar con las Minas de Sal, uno de esos sitios que no se olvidan. Sin prisas, sin horarios forzados. Por la noche, directos a la cena de grupo en pleno centro, brindando por esta locura de viajar con la excusa del deporte. ¿Después? Vía libre. Garitos, risas, hidratación responsable (o no tanto) y una nueva noche para empezar a escribir recuerdos en la ciudad
Hoy toca elegir plan. Para quien quiera cambiar ciudad por naturaleza, proponemos una escapada opcional a Zakopane y subida hasta Morskie Oko, uno de los paisajes más brutales de Polonia. Montaña, aire limpio, caminata tranquila y fotos que no necesitan filtro. Cero prisas, cero postureo: solo disfrutar del camino y del entorno.
Si prefieres quedarte en Cracovia, día libre para seguir explorando la ciudad, repetir tu café favorito, perderte sin mapa o simplemente descansar. Tú decides el ritmo. Esto va de viajar como te da la gana.
Últimas horas en la ciudad. Desayuno sin reloj, compras de última hora, cafés pendientes y ese paseo final que siempre sabe a despedida. Día libre para cerrar el viaje a tu manera antes de poner rumbo al aeropuerto y regresar a España. Nos llevamos zapatillas gastadas, piernas cansadas y la certeza de que esta Social Run no se queda aquí.